*Narra Noelia*
-¡Efto esftá buenísimo!
-¡Niall! ¡No hables con la boca así de llena!-reí limpiándole las comisuras de los labios con una servilleta.
-Perdona amor, pero siente un amor irrefrenable hacia la comida española.
-Yo creo que más bien es hacia toda la comida en general-reí.
Seguimos comiendo en la terraza de aquel precioso restaurante. Llevábamos cuatro días allí, pero a este paso volveríamos a Londres como dos pelotas de playa, sobre todo Niall.
-A propósito, te tengo preparada una sorpresa.-dijo ya en el postre.
-¿Más? ¿Qué es, qué es?-pregunté ansiosa.
-Si te lo digo no es una sorpresa.
-Ya sabes que no me gustan demasiado las sorpresas.-apunté.
-Y a mi que te comas todo el helado sola.-bufó señalando mi plato.-Era para compartir.
-Si me dices a donde vamos a lo mejor te lo doy.-sonreí apartándolo.
-Ni con esas.
Cogí la cucharilla y le quité una buena parte, acercándolo lentamente a mi boca.
-Noooooo. Está bien... ¡Nos vamos a Portaventura!
-¿En serio?-pregunté con la cuchara a medio camino.
-Si, he reservado dos entradas.-sonrió.-Ahora quiero helado.
Me levanté hasta quedar sentada en su regazo, con el helado en una mano y la cuchara en otra.
-A ver, di:" Aaah"
-¿En serio?
Asentí y abrió la boca obedientemente.
-¿Cuándo acabemos nos vamos a la playa? Me apetece tomar el sol.
-La que la señorita quiera.
Pagó y después de una avalancha de fans pudimos irnos a la playa. Toda la tarde la pasamos allí, acostados en cómodas tumbonas y bebiendo cócteles con sombrillitas.
Por la noche cenamos en un italiano, pero decidimos no salir de copas para estar despejados en el parque de atracciones.
A la mañana siguiente me despertaron los besos de Niall.
-¡Me haces cosquillas!
-Buenos días. ¡Arriba que ya está aquí el desayuno!
-Cinco minutos.-bufé metiéndome bajo las mantas.
-No tienes cinco minutos Noelia.-me reprochó.
-No quiero, estoy cansada...
-Como quieras.
Pasaron un par de minutos en silencio. Saqué la cabeza temerosa de que se hubiese enfadado, pero no estaba en la habitación.
-¿Niall? ¡Niall!-exclamé preocupada.
Me levanté de un salto de la cama, cuando una mano que salía de debajo de ella me agarró del pie. Pegué un fuerte alarido, hasta que oí la risa de mi novio.
-¡No ha tenido gracia!-exclamé enfadada.
Debajo de la cama Nall seguía riéndose como un loco.
-Tenías que ver tu cara Dios mío.
-Y tu la tuya de imbécil ahora mismo.-grité cogiendo una tostada untada en mermelada y estampándosela en la cara.-Fíjate tu que pareces un payaso.
-No te enfades mi vida, estabas muy guapa asustada.-rió limpiándose la cara con las manos.-Uhm... Que rica...
-Estoy enfadada.-dije intentando contener la risa, viendo su cara llena de mermelada de fresa.
-No, no lo estás, te estás riendo.-respondió sentándose en la cama.-¿Me das un beso de esos que convierten a los príncipes en rana?
-Tonto.
Se acercó y me cogió en brazos, tirándome sobre la cama y acostándose sobre mi, haciéndome cosquillas.
-¡Para por favor!
-Dame un beso.
-Deja de hacerme cosquillas.
-Pues dame un beso.-repitió.-Sin ellos no vivo. Imagina si me muero que tragedia para las fans.
Le besé apasionadamente, estrechándole entre mis brazos, como si lo protegiese de algo.
-¿Contento?
-Sumamente. Ahora desayuna, que nos espera un día agotador.
Después de desayunar Niall alquiló un coche para poder irnos hasta el parque de atracciones sin complicarnos demasiado la vida. Llegamos y atravesamos las puertas cogidos de la mano, haciéndome sentir como una niña pequeña.
Entonces me di cuenta de que estaba todo desierto.
-¿Hemos llegado muy pronto o alguien se ha encargado de que no haya nadie?
-Yo apostaría por que llegamos muy pronto.-rió.
-¿Por dónde empezamos?
-Por donde tu quieras.
Y empezamos por donde yo quise, sólo paramos para comer. Niall se encargaba de comprar todas las fotografías que nos hacían en las atracciones y algunas las publicaba en Twitter, para que los demás las viesen donde quiera que estubiesen.
-¡Esa no! ¡Parezco un fraggel!
-Lo siento, pero esa ya la subí.
-¡Pues entonces subo yo la tuya con cara de diarrea crónica!-le amenacé.
-Dejemos el tema. ¿Un algodón de azúcar?
-Me parece bien.-dije cogiendo la mano que me tendía.
-¿De qué color lo quieres?
-Azul, como tu ojos.
-Excelente elección.
Lo cogí sonriente. Iba a coger un trocito cuando se me adelantó y me lo metió en la boca.
-Aum... ¡Que bueno!
-Me alegro de que te guste.-susurró acercándose a mis labios.-¿Si te beso sabrás a azúcar?
-Puedes probar, pero te quedará la boca azul.
-Me arriesgaré.-musitó sobre mis labios.
domingo, 12 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
Thirty-nine
*Narra Lía*
-¡Zayn! ¡Arriba, arriba!-exclamé saltando en la cama.
-¿Lía? ¿Qué pasó princesa?
-¡Hoy hay un concierto en la playa!
-¿Son conocidos?-preguntó restregándose un ojo con la mano.
-No, pero seguro que están bien.
-Como quieras.-dijo acostándome sobre él.-¿A qué hora?
-Sobre las once.-respondí mordiéndome el labio inferior.
-¿Y a qué vino este ataque terrorista a mi cama?
-Me prometiste que iríamos a la playa.
-No me acuerdo de eso.-sonrió antes de besarme.-Dame unos minutos ¿vale?
Se levantó con soltura, envuelto en las sábanas de la cama, completamente deshecha por nuestra intensa noche. Cuando acabó lo arrastré hasta la playa.
-¿Nos bañamos?
-Acabo de ducharme y ya otra vez al agua. Ni de coña.-bufó.
-¿Entonces?
-¿Sabes jugar al voley?-preguntó divertido.
-No demasiado. En el instituto me obligaron, pero no se me daba muy bien.
-Es sencillo. Yo soy muy buen profesor, en seguida aprenderás.
-Genial... ¿Y de donde sacamos la pelota?-pregunté escéptica.
Para mi desgracia justo detrás había una red con una caseta al lado, con un letrero enorme que anunciaba el precio del alquiler de tumbonas, sombrillas y los malditos balones de voley.
-De allí.
-Menos recochineos Malik, que aún te voy a patear el trasero.-gruñí.
Me llevó de la mano hasta el campo. Se fue antes de que pudiese seguir protestando. Salió de ese cuchitril todo emocionado, dándole vueltas al balón sobre la punta del dedo índice.
-Empecemos.-sonrió.
Me enseñó como trocar con los dedos y sacar. No daba llegado al otro lado de la red y más de una vez casi le doy en la cabeza a varias chicas que se acercaban a mi novio para pedirle un autógrafo.
-Entiendo que no te gusten, pero de ahí a casi dejarlas sin cabeza hay un trecho.-rió.
-No te rías, que yo no lo hago cuando bailas.-me quejé.
Se acercó a mi, hasta rodear mi cintura con sus brazos, pegándome a su pecho.
-Bailo mejor de lo que crees.-dijo en un susurro ronco.-Puedo demostrártelo cuando quieras.
-Esta noche...
-Esta noche.-asintió.-Ahora a lo nuestro.
- ¡No por favor!
-Venga, un partido rápido y nos bañamos.
-Sólo somos dos, es imposible.-me resistí agarrándome a él como un mono.
-Vengaaa... Si te portas bien te compro un helado.
Me bajé de un saltito, con mi mente maquinando un plan para librarme de esta pesadilla. Se me iluminó la mente en cuanto lanzó el balón. Corrí hacia el balón, pero me dio en toda la frente, justo donde quería. Caí de espaldas para darle mayor teatralidad, apoyando una mano en la arena para no hacerme daño y fingiendo un desmayo.
-¿Lía...? ¡Oh Dios mío! ¡Lía!-le oí gritar.
En menos de un segundo lo tenía a mi lado, levantando mi cabeza para colocarme algo debajo, alzándomela un poco. Sentí sus manos en mis mejillas, junto con unas gotas resbalando por mi piel. Oh no, estaba llorando, mi pequeño estaba llorando por mí.
Abrí los ojos lentamente, sacándole un grito de asombro.
-Lía... Menos mal... Pensé que te perdía pequeña.-suspiró aún angustiado.-¿Puedes incorporarte?
Asentí teatralmente, me parecía increíble que no se diese cuenta de que fingía. Cogió una botella de agua y me la acercó a los labios lentamente. Bebí una poca, poniendo mala cara y abrazándolo.
-¿Te duele?
-Un poco... Pero no es nada...
-Claro que lo es.-suspiró.
Llamó a uno de sus guardaespaldas. Al poco apareció con unos hielos envueltos en un pañuelo de seda.
-Pronto se derretirán.
-Lo se, pero mientras tanto te aliviarán el dolor de la frente.-musitó sentándose a mi lado en la arena.
Después de unos segundos en silencio me sentía incómoda, así que apoyé la espalda contra su pecho, mientras el seguía poniéndome hielo en la zona "golpeada".
-¿Qué tal va ahora?-preguntó un rato después.
-Bien. Ya casi no me duele. No fue más que un golpe tonto.
-Menos mal... Casi me da algo cuando te caíste de espaldas...
-Para que digan que es bueno hacer deporte.-gruñí.
-Ai... ¿Me perdonas? Casi te dejo un moratón en la frente.
-¡Casi me haces parecer un unicornio!-reí levantándome con facilidad.-Estoy bien, pero jamás volveré a coger un balón de voley, que te quede claro.
Asintió sonriendo un poco. Cogí su mano y tiré de él hasta acercarle, dándole un suave beso.
-¿Vamos al agua ya?
-Lía, ¿acabas de darte un golpe y ya quieres meterte en el agua a por el siguiente?
-Te prometo que no nos alejaremos de la orilla, pero por lo menos mojar los pies.-dije poniendo voz de niña pequeña.
Asintió un poco tenso, pero caminamos hacia la orilla lentamente. El agua estaba demasiado caliente para mi gusto, pero era agradable cambiar de vez en cuando. Me senté en la arena, con el agua por la cintura. Zayn hizo lo mismo, rodeándome con sus brazos.
-¿Te amo sabes?-susurré.
-Yo también... Te voy a echar mucho de menos...
-Quería decirte una cosa antes de que te fueras...-dije haciéndome la misteriosa.
Me miró extrañado pero asintió.
-Como me entere de que me pones los cuernos con alguno de los chicos te doy una patada en el culo que llegas a Australia, rebotas en la ópera de Sidney y vuelves.-reí apuntándolo con un dedo.
Empezó a reírse como un loco. Me cogió en brazos y empezó a caminar hacia el mar. Cuando le llegó el agua por la cintura acercó sus labios a mi oído.
-Pensé que sería algo serio.
-Que poco me conoces.-sonreí.
Acercó sus labios a los míos, haciéndome abrirlos involuntariamente. Estaba a punto de rozar sus labios con mi lengua cuando me soltó, sin previo aviso, haciéndome tragar agua.
-¡Zayn Malik!-grité cuando salí a la superficie.
-Cógeme si puedes unicornio.-sonrió alejándose.
Salté sobre él y ambos caímos en la arena, ya en la orilla.
-Parecemos croquetas.-rió acariciando mi espalda, llena de arena.
-Te amo.-susurró acercando sus labios a los míos.
-¿Ahora si?
-Ahora si.-musitó, sellando este momento con un beso.
-¡Zayn! ¡Arriba, arriba!-exclamé saltando en la cama.
-¿Lía? ¿Qué pasó princesa?
-¡Hoy hay un concierto en la playa!
-¿Son conocidos?-preguntó restregándose un ojo con la mano.
-No, pero seguro que están bien.
-Como quieras.-dijo acostándome sobre él.-¿A qué hora?
-Sobre las once.-respondí mordiéndome el labio inferior.
-¿Y a qué vino este ataque terrorista a mi cama?
-Me prometiste que iríamos a la playa.
-No me acuerdo de eso.-sonrió antes de besarme.-Dame unos minutos ¿vale?
Se levantó con soltura, envuelto en las sábanas de la cama, completamente deshecha por nuestra intensa noche. Cuando acabó lo arrastré hasta la playa.
-¿Nos bañamos?
-Acabo de ducharme y ya otra vez al agua. Ni de coña.-bufó.
-¿Entonces?
-¿Sabes jugar al voley?-preguntó divertido.
-No demasiado. En el instituto me obligaron, pero no se me daba muy bien.
-Es sencillo. Yo soy muy buen profesor, en seguida aprenderás.
-Genial... ¿Y de donde sacamos la pelota?-pregunté escéptica.
Para mi desgracia justo detrás había una red con una caseta al lado, con un letrero enorme que anunciaba el precio del alquiler de tumbonas, sombrillas y los malditos balones de voley.
-De allí.
-Menos recochineos Malik, que aún te voy a patear el trasero.-gruñí.
Me llevó de la mano hasta el campo. Se fue antes de que pudiese seguir protestando. Salió de ese cuchitril todo emocionado, dándole vueltas al balón sobre la punta del dedo índice.
-Empecemos.-sonrió.
Me enseñó como trocar con los dedos y sacar. No daba llegado al otro lado de la red y más de una vez casi le doy en la cabeza a varias chicas que se acercaban a mi novio para pedirle un autógrafo.
-Entiendo que no te gusten, pero de ahí a casi dejarlas sin cabeza hay un trecho.-rió.
-No te rías, que yo no lo hago cuando bailas.-me quejé.
Se acercó a mi, hasta rodear mi cintura con sus brazos, pegándome a su pecho.
-Bailo mejor de lo que crees.-dijo en un susurro ronco.-Puedo demostrártelo cuando quieras.
-Esta noche...
-Esta noche.-asintió.-Ahora a lo nuestro.
- ¡No por favor!
-Venga, un partido rápido y nos bañamos.
-Sólo somos dos, es imposible.-me resistí agarrándome a él como un mono.
-Vengaaa... Si te portas bien te compro un helado.
Me bajé de un saltito, con mi mente maquinando un plan para librarme de esta pesadilla. Se me iluminó la mente en cuanto lanzó el balón. Corrí hacia el balón, pero me dio en toda la frente, justo donde quería. Caí de espaldas para darle mayor teatralidad, apoyando una mano en la arena para no hacerme daño y fingiendo un desmayo.
-¿Lía...? ¡Oh Dios mío! ¡Lía!-le oí gritar.
En menos de un segundo lo tenía a mi lado, levantando mi cabeza para colocarme algo debajo, alzándomela un poco. Sentí sus manos en mis mejillas, junto con unas gotas resbalando por mi piel. Oh no, estaba llorando, mi pequeño estaba llorando por mí.
Abrí los ojos lentamente, sacándole un grito de asombro.
-Lía... Menos mal... Pensé que te perdía pequeña.-suspiró aún angustiado.-¿Puedes incorporarte?
Asentí teatralmente, me parecía increíble que no se diese cuenta de que fingía. Cogió una botella de agua y me la acercó a los labios lentamente. Bebí una poca, poniendo mala cara y abrazándolo.
-¿Te duele?
-Un poco... Pero no es nada...
-Claro que lo es.-suspiró.
Llamó a uno de sus guardaespaldas. Al poco apareció con unos hielos envueltos en un pañuelo de seda.
-Pronto se derretirán.
-Lo se, pero mientras tanto te aliviarán el dolor de la frente.-musitó sentándose a mi lado en la arena.
Después de unos segundos en silencio me sentía incómoda, así que apoyé la espalda contra su pecho, mientras el seguía poniéndome hielo en la zona "golpeada".
-¿Qué tal va ahora?-preguntó un rato después.
-Bien. Ya casi no me duele. No fue más que un golpe tonto.
-Menos mal... Casi me da algo cuando te caíste de espaldas...
-Para que digan que es bueno hacer deporte.-gruñí.
-Ai... ¿Me perdonas? Casi te dejo un moratón en la frente.
-¡Casi me haces parecer un unicornio!-reí levantándome con facilidad.-Estoy bien, pero jamás volveré a coger un balón de voley, que te quede claro.
Asintió sonriendo un poco. Cogí su mano y tiré de él hasta acercarle, dándole un suave beso.
-¿Vamos al agua ya?
-Lía, ¿acabas de darte un golpe y ya quieres meterte en el agua a por el siguiente?
-Te prometo que no nos alejaremos de la orilla, pero por lo menos mojar los pies.-dije poniendo voz de niña pequeña.
Asintió un poco tenso, pero caminamos hacia la orilla lentamente. El agua estaba demasiado caliente para mi gusto, pero era agradable cambiar de vez en cuando. Me senté en la arena, con el agua por la cintura. Zayn hizo lo mismo, rodeándome con sus brazos.
-¿Te amo sabes?-susurré.
-Yo también... Te voy a echar mucho de menos...
-Quería decirte una cosa antes de que te fueras...-dije haciéndome la misteriosa.
Me miró extrañado pero asintió.
-Como me entere de que me pones los cuernos con alguno de los chicos te doy una patada en el culo que llegas a Australia, rebotas en la ópera de Sidney y vuelves.-reí apuntándolo con un dedo.
Empezó a reírse como un loco. Me cogió en brazos y empezó a caminar hacia el mar. Cuando le llegó el agua por la cintura acercó sus labios a mi oído.
-Pensé que sería algo serio.
-Que poco me conoces.-sonreí.
Acercó sus labios a los míos, haciéndome abrirlos involuntariamente. Estaba a punto de rozar sus labios con mi lengua cuando me soltó, sin previo aviso, haciéndome tragar agua.
-¡Zayn Malik!-grité cuando salí a la superficie.
-Cógeme si puedes unicornio.-sonrió alejándose.
Salté sobre él y ambos caímos en la arena, ya en la orilla.
-Parecemos croquetas.-rió acariciando mi espalda, llena de arena.
-Te amo.-susurró acercando sus labios a los míos.
-¿Ahora si?
-Ahora si.-musitó, sellando este momento con un beso.
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