*Narra Lía*
-¡Zayn! ¡Arriba, arriba!-exclamé saltando en la cama.
-¿Lía? ¿Qué pasó princesa?
-¡Hoy hay un concierto en la playa!
-¿Son conocidos?-preguntó restregándose un ojo con la mano.
-No, pero seguro que están bien.
-Como quieras.-dijo acostándome sobre él.-¿A qué hora?
-Sobre las once.-respondí mordiéndome el labio inferior.
-¿Y a qué vino este ataque terrorista a mi cama?
-Me prometiste que iríamos a la playa.
-No me acuerdo de eso.-sonrió antes de besarme.-Dame unos minutos ¿vale?
Se levantó con soltura, envuelto en las sábanas de la cama, completamente deshecha por nuestra intensa noche. Cuando acabó lo arrastré hasta la playa.
-¿Nos bañamos?
-Acabo de ducharme y ya otra vez al agua. Ni de coña.-bufó.
-¿Entonces?
-¿Sabes jugar al voley?-preguntó divertido.
-No demasiado. En el instituto me obligaron, pero no se me daba muy bien.
-Es sencillo. Yo soy muy buen profesor, en seguida aprenderás.
-Genial... ¿Y de donde sacamos la pelota?-pregunté escéptica.
Para mi desgracia justo detrás había una red con una caseta al lado, con un letrero enorme que anunciaba el precio del alquiler de tumbonas, sombrillas y los malditos balones de voley.
-De allí.
-Menos recochineos Malik, que aún te voy a patear el trasero.-gruñí.
Me llevó de la mano hasta el campo. Se fue antes de que pudiese seguir protestando. Salió de ese cuchitril todo emocionado, dándole vueltas al balón sobre la punta del dedo índice.
-Empecemos.-sonrió.
Me enseñó como trocar con los dedos y sacar. No daba llegado al otro lado de la red y más de una vez casi le doy en la cabeza a varias chicas que se acercaban a mi novio para pedirle un autógrafo.
-Entiendo que no te gusten, pero de ahí a casi dejarlas sin cabeza hay un trecho.-rió.
-No te rías, que yo no lo hago cuando bailas.-me quejé.
Se acercó a mi, hasta rodear mi cintura con sus brazos, pegándome a su pecho.
-Bailo mejor de lo que crees.-dijo en un susurro ronco.-Puedo demostrártelo cuando quieras.
-Esta noche...
-Esta noche.-asintió.-Ahora a lo nuestro.
- ¡No por favor!
-Venga, un partido rápido y nos bañamos.
-Sólo somos dos, es imposible.-me resistí agarrándome a él como un mono.
-Vengaaa... Si te portas bien te compro un helado.
Me bajé de un saltito, con mi mente maquinando un plan para librarme de esta pesadilla. Se me iluminó la mente en cuanto lanzó el balón. Corrí hacia el balón, pero me dio en toda la frente, justo donde quería. Caí de espaldas para darle mayor teatralidad, apoyando una mano en la arena para no hacerme daño y fingiendo un desmayo.
-¿Lía...? ¡Oh Dios mío! ¡Lía!-le oí gritar.
En menos de un segundo lo tenía a mi lado, levantando mi cabeza para colocarme algo debajo, alzándomela un poco. Sentí sus manos en mis mejillas, junto con unas gotas resbalando por mi piel. Oh no, estaba llorando, mi pequeño estaba llorando por mí.
Abrí los ojos lentamente, sacándole un grito de asombro.
-Lía... Menos mal... Pensé que te perdía pequeña.-suspiró aún angustiado.-¿Puedes incorporarte?
Asentí teatralmente, me parecía increíble que no se diese cuenta de que fingía. Cogió una botella de agua y me la acercó a los labios lentamente. Bebí una poca, poniendo mala cara y abrazándolo.
-¿Te duele?
-Un poco... Pero no es nada...
-Claro que lo es.-suspiró.
Llamó a uno de sus guardaespaldas. Al poco apareció con unos hielos envueltos en un pañuelo de seda.
-Pronto se derretirán.
-Lo se, pero mientras tanto te aliviarán el dolor de la frente.-musitó sentándose a mi lado en la arena.
Después de unos segundos en silencio me sentía incómoda, así que apoyé la espalda contra su pecho, mientras el seguía poniéndome hielo en la zona "golpeada".
-¿Qué tal va ahora?-preguntó un rato después.
-Bien. Ya casi no me duele. No fue más que un golpe tonto.
-Menos mal... Casi me da algo cuando te caíste de espaldas...
-Para que digan que es bueno hacer deporte.-gruñí.
-Ai... ¿Me perdonas? Casi te dejo un moratón en la frente.
-¡Casi me haces parecer un unicornio!-reí levantándome con facilidad.-Estoy bien, pero jamás volveré a coger un balón de voley, que te quede claro.
Asintió sonriendo un poco. Cogí su mano y tiré de él hasta acercarle, dándole un suave beso.
-¿Vamos al agua ya?
-Lía, ¿acabas de darte un golpe y ya quieres meterte en el agua a por el siguiente?
-Te prometo que no nos alejaremos de la orilla, pero por lo menos mojar los pies.-dije poniendo voz de niña pequeña.
Asintió un poco tenso, pero caminamos hacia la orilla lentamente. El agua estaba demasiado caliente para mi gusto, pero era agradable cambiar de vez en cuando. Me senté en la arena, con el agua por la cintura. Zayn hizo lo mismo, rodeándome con sus brazos.
-¿Te amo sabes?-susurré.
-Yo también... Te voy a echar mucho de menos...
-Quería decirte una cosa antes de que te fueras...-dije haciéndome la misteriosa.
Me miró extrañado pero asintió.
-Como me entere de que me pones los cuernos con alguno de los chicos te doy una patada en el culo que llegas a Australia, rebotas en la ópera de Sidney y vuelves.-reí apuntándolo con un dedo.
Empezó a reírse como un loco. Me cogió en brazos y empezó a caminar hacia el mar. Cuando le llegó el agua por la cintura acercó sus labios a mi oído.
-Pensé que sería algo serio.
-Que poco me conoces.-sonreí.
Acercó sus labios a los míos, haciéndome abrirlos involuntariamente. Estaba a punto de rozar sus labios con mi lengua cuando me soltó, sin previo aviso, haciéndome tragar agua.
-¡Zayn Malik!-grité cuando salí a la superficie.
-Cógeme si puedes unicornio.-sonrió alejándose.
Salté sobre él y ambos caímos en la arena, ya en la orilla.
-Parecemos croquetas.-rió acariciando mi espalda, llena de arena.
-Te amo.-susurró acercando sus labios a los míos.
-¿Ahora si?
-Ahora si.-musitó, sellando este momento con un beso.
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