*Narra Melissa*
Después de un rato bajaron Harry y Carlota todos sonrientes por las escaleras. Parecía que les había tocado la lotería o algo.
-Me voy unos días a la casa de Harry.-sonrió ella.
-En realidad no. ¡Es mía!-exclamó Harry echándosela al hombro, saliendo así por las puertas de la casa.-¡Nadie me la quitará!
Cuando salieron todos nos miramos unos segundos extrañados, para estallar en sonoras carcajadas.
-Esos dos están muy mal.
-Están enamorados.-rió Rose, aún desde los brazos de Liam.
-Es lo mismo.-dije poniendo los ojos en blanco.
-Ains... Como echaba eso de menos.
-¿En serio?
-Claro. ¡Ahora vámonos!-exclamó levantándose de un salto, tirándome al suelo.-Tengo que irme de compras. Rompí mis Converses blancas.
-No me fastidies que después de tanto tiempo la vas a llevar de compras.-inquirió Lía dejando respirar por segundos a un acalorado Zayn.
-Venga, que estoy sin zapatos.
-Eso es...
-Niall, vete a darme mimos a Noe.-dijo tendiéndome la mano para levantarme.
Salimos de allí en un tiempo récord. Ya estábamos en su coche antes de que asimilase todo lo que estaba pasando. Sin previo aviso los labios de Lou se apoderaron de los míos, dejándome sin aire mientras ponía la mano en mi nuca profundizándolo. Al separamos me abrazó con cariño, enterrando la cara en mi pelo, oliendo mi colonia.
-Te quiero. Muchísimo.
-Yo también. ¿En serio vamos a ir de compras?
-Sí.-rió aplaudiendo como un niño.-Luego quiero enseñarte algo.
Asentí un poco decepcionada, pero las sorpresas de Louis eran siempre muy buenas. Después de un rato llegamos a Picadilly Circus. Las fans se amontonaban para que les firmara autógrafos. Otras gritaban nuestros nombres como locas, pidiéndonos fotos juntos o por separado.
Estañamos a punto de entrar en Converse cuando una voz muy conocida me llamó.
-Meli, Meli, ¡Melissa!-gritó esa voz.
Al girarme vi la graciosa cara de Elliot, que corría a través de la multitud para acercarse. Cuando llegó me abrazó con fuerza, dándome graciosas vuelvas en el aire, haciéndome reír como una tonta.
-¡Elli! ¡Se te echaba de menos! ¿Qué tal en Manchester?
-Genial, maravilloso, superchachi.-dijo emocionado.-¿Y tu? Veo que bien...
Lo sonrió a Louis afectuosamente, aún abrazándome con fuerza contra su pecho. Cuando me soltó le estrechó la mano a Lou.
-Elliot Summer.
-Louis Tomnilson.-respondió el secamente.-Aunque creo que ya sabes quien soy.
-¡Ah si! ¡El novio de Meli!
-Y cantante de One Direction.
-Eso también.-sonrió.-Querida, me alegro de verte. Nos vemos en la uni.
-Nos vemos.-me despedí con un tierno beso en la mejilla, que
endureció el rostro de Louis.-¿Vamos BooBear?
Asintió cogiéndome de la mano con fuerza, tirando de ambos hacia la tienda.
Amo Converse, por lo que empecé a saltar de un lado a otro como una loca, tirándole a Lou miles de prendas para que se probase.
-¿Qué te parece esta camiseta?
-No me gusta el color.
-¿Y estos pantalones?
-Son muy anchos arriba.
-Em... ¿Y las Converses nuevas?
-Quiero las mías antiguas, las de color blanco.
-Está bien... ¡Aaww que tirantes más bonitos Lou!
-Ya no los uso...
-¿Por qué?
-Parezco idiota con ellos.-dijo sin mirarme.
La vena de mi cuello se empezó a hinchar peligrosamente y no pude contenerme. Le tiré lo primero que tenía en la mano, unos pantalones verde esmeralda.
-¡¿Me quieres decir que coño te pasa?!
-¡No me pasa nada!
-¡¿Entonces por qué no me haces ni caso?!
-Sí que lo hago, sólo que no me gusta lo que me enseñas.
-Louis William Tomnlinson... Adoras los tirantes y ahora me vienes con que "parezco idiota con ellos". ¿Crees que soy tonta?
-Yo no he dicho eso.
-¿Entonces? Estaba muy feliz de verte... Estábamos bien y de repente... Te pusiste así... ¿Pasó algo?
-Algo no, alguien. Te llevas muy bien con Elliot ¿no?
-¿Esto es por Elliot?-grité exasperada. Las dependientas nos miraban y cuchicheaban entre ellas.-Ahora verás.
Le tiré lo primero que pillé, unas Converses negras, otras azules, un pantalón, varias camisetas y una gorra.
-¡¿Pero qué estas haciendo?! ¡Estás loca!-gritó intentando esquivar todo, mientras las dependientas trataban de recoger las cosas del suelo.
-¡Y tu eres un cerdo insensible!
*Narra Louis*
Estábamos tan atareados en nuestra peculiar batalla que no vi entrar a Elliot en la tienda hasta que una chicas lo apartó de la línea de tiro de Melissa.
Estaba con un chico, más o menos de mi edad, cogidos de la mano y mirándose asustados, hasta que uno besó al otro para calmarlo. Me quedé de piedra.
En eso, Meli aprovechó para darme en pleno trasero con un jersey.
Me giré sobresaltado y la vi con unas plataformas.
-¡No! ¡Esas duelen mucho!-grité cubriéndome con los brazos.
-¿Melissa?-exclamó Elli en cuanto la vio, haciendo que las soltase como si quemasen.
-Em... Yo... ¡Hola!-rió con voz de niña pequeña, soltándolas como si quemasen.-¿Ese es Alec?
-Sí, este es.
-Encantada de conocerte en estas... Circunstancias...
El rió nerviosamente, mirando hacia mi.
-¿Ese es BooBoear? ¡Con el que vas a tener mini-Bears!
-Sí.-musitó sonrojándose.-Nos pilláis en medio de una crisis. Pequeñita.
-Ya... ¿Y las solucionáis así? ¿Lanzandoos ropa en una tienda de marca?-inquirió Alec.
-¡Empezó ella!
-¡Porqué eres idiota! ¡Y un celoso! ¡Yo sólo te quiero a ti!
-¡Yo también sólo te quiero a ti!
-¡¿Entonces por que te pones celoso?!
-¡Porqué eres perfecta y maravillosa! ¡Todos querían salir contigo!
-Y que más da eso... Sólo te quiero a ti...-susurré abrazándolo con fuerza, besando su cuello con cariño para calmarme.
-Perdóname Meli... En serio... No se que me pasó...
-A mi tampoco... Mira come está la tienda.-suspiré cuando abrió su abrigo y me acomodó dentro para darme calor.-Supongo que te echaba mucho de menos.
-Y yo a ti... Vete yendo para el coche... Yo veré lo que hago con este desastre.-sonrió.-En mi casa ya te doy tu regalo.
-Está bien.-sonreí besándole.
Se despidió de Alec y Elliot y salió de allí dando saltitos. ¿Cómo podía amarla tanto?
They don´t know about us
viernes, 26 de julio de 2013
lunes, 8 de julio de 2013
Forty-Three
*Narra Carlota*
Giré sobresaltada, encontrándome de frente con Harry, que me sonreía abiertamente, con sus preciosos ojos verdes muy cerca de los míos.
-Ah... Ah... Em... Yo...
-¿Carlota?
-¡Rose! ¡Trae las palomitas que esto va para largo!-gritó Melissa sentándose en el sofá con las niñas.
Yo seguía completamente anonadada, mirándolo fijamente, sin acabar de creérmelo aún.
-Chicas, esto no ha sido buena idea. Parece como ida.-dijo pasando su mano repetidas veces por mi cara.
-Harry... Es...-musité llorosa señalándolo.
-¡Qué sí! ¡Que es él tonta!-gruñó Lía metiéndose un puñado de palomitas en la boca.
De repente todo pasó muy rápido. Asimilé todo de golpe y acabé saltando sobre Harry, tirándolo en la alfombra, abrazada a él llorando de alegría.
-Harry... Estás aquí... Conmigo...-sollocé enterrando la cara en su cuello.
-Si mi amor, estoy aquí, contigo, a tu lado.-susurró el acariciando mi pelo lentamente, sentándome sobre sus piernas.-Te dije que celebraríamos tu cumple a lo grande ¿no?
-Cuando volvieses...
-Pero no te dije cuando.-rió besando mi mejilla.-Te amo ¿sabes? Aunque ahora mismo me estés poniendo una cara de tonta épica.
Miré hacia las niñas de nuevo, que miraban alternativamente a Harry y a mí, como si nuestra conversación fuese un partido de tenis.
-Aún estoy un poco extrañada.-sonreí antes de besarle apasionadamente, tirándolo de nuevo en la alfombra.
-¡Os vais a ahogar!
-¡Harry déjala respirar!
-No seáis petardas.-les riñó Rose con el dedo acusador.
Después de unos minutos conseguí calmarme y soltar a Harry, que sonreía abiertamente, recostado en la alfombra.
-Estoy muy feliz.
-Se te nota, casi me ahogas.
-Lo siento, lo siento, lo siento.-reí abrazándolo.
-Antes de darte tu regalo quiero decirle algo a las chicas. ¿Me dejas koalita?-dijo levantándome con facilidad, con las piernas enredadas en su cintura.
-Si no me sueltas, perfecto.
-¿Qué nos quieres decir Harry?-preguntó Noe cogiendo las últimas palomitas del bol.
En ese momento sonó el timbre, en el preciso momento en el que todos estábamos en silencio.
-Ahí está. Ya voy yo.-sonrió llevándonos hacia la puerta.
*Narra Melissa*
Estábamos esperando a que Harry volviese cuando por la puerta asomó la dulce carita de Niall, sonriendo todo sonrojado.
-¿Está aquí mi tortillita?-preguntó sonriendo cuando Noe se tiró en plancha sobre él.
-¡Niall! ¡¿No tenías una firma de CD's hoy?!-exclamó saltando sobre él.
-Nos hemos escapado.
-¡¿Nos?!
-Se lo estáis haciendo pasar mal chicos.
En ese momento entraron Lou, Zayn y Liam en la habitación corriendo, cogiendo cada uno a sus respectivas chicas en brazos.
-Lou...
-Estoy aquí... Estoy aquí... ¡Pero no me llores!
-Lo siento. No lo puedo evitar.-sollocé escondiendo la cara en su pecho.
-Cuando me fui no llorabas.
-¡Lo hice cuando ya estabas en al avión!
-Ala, ya llego y me gritas. Me gustabas más cuando estabas en sock.-rió dándome vueltas en el aire.-Te amo.
-Yo también.¡Pero deja de darme vueltas y bésame!
Me plantó un beso de película, dejándome parcialmente sin aire y con ganas de más.
*Narra Lía*
En cuanto Zayn me cogió en brazos me sentí flotar, como si pesase apenas unos kilos entre sus brazos.
-¡Zayn!-grité besándolo apasionadamente, tirándolo en el sofá con fuerza, apoyando las rodillas para frenarle un poco más en golpe.
-¡Una que reacciona con un poco de vida!
-Yo reaccioné con vida.-dijo Carlota apoyándose en el pecho de Harry, que ya le había dejado varias marcas en el cuello.
-Cinco minutos después.
-Lo importante es hacerlo ¿no? ¡Rosalie!
Todos nos giramos instantáneamente. Nuestra dulce, delicada y cariñosa Rose estaba en brazos de Liam, que la sujetaba como si de una princesa se tratase, jugando con unos de sus bucles mientras ella le besaba, pero de una manera que a todos nos sorprendió.
-Lía, yo también quiero...
-¿Quieres desmayaste por falta de oxígeno? Porqué a Liam poco le falta...
-¡Qué va! El cambio es muy favorable.-rió Liam jugando con Rose como si fuese una muñequita, aupándola.
-Por supuesto.-sonrió ella.
Nos sentamos todos juntos en el espacioso salón, hablando entre nosotros, pero completamente pendientes de los chicos.
-Pero no habéis contestado a la pregunta. ¿Y la firma de CD's?
-Tuvimos que cambiarla de día y hacerla antes del concierto, sino era imposible que llegásemos a tiempo para tu cumpleaños.-sonrió Harry poniendo un dedo sobre la nariz de su novia.
-Nuestra idea era que sólo volviese Harry, pero se vinieron todos.-reí jugando con el pelo de Zayn.
-Os echábamos de menos.
-¡Y Melissa es último mes no vino aún encima!
-Tenía un examen muy importante.-se defendió ella.
-¡Hablando de cosas importantes! ¡No tenemos que ir!-exclamó Harry cogiendo a Carlota y echándosela al hombro.
-Cuidado con las escaleras.-les advertí recordando la graciosa caída de Rose el día de la mudanza.-¡Alguna ya rodó por ellas!
Giré sobresaltada, encontrándome de frente con Harry, que me sonreía abiertamente, con sus preciosos ojos verdes muy cerca de los míos.
-Ah... Ah... Em... Yo...
-¿Carlota?
-¡Rose! ¡Trae las palomitas que esto va para largo!-gritó Melissa sentándose en el sofá con las niñas.
Yo seguía completamente anonadada, mirándolo fijamente, sin acabar de creérmelo aún.
-Chicas, esto no ha sido buena idea. Parece como ida.-dijo pasando su mano repetidas veces por mi cara.
-Harry... Es...-musité llorosa señalándolo.
-¡Qué sí! ¡Que es él tonta!-gruñó Lía metiéndose un puñado de palomitas en la boca.
De repente todo pasó muy rápido. Asimilé todo de golpe y acabé saltando sobre Harry, tirándolo en la alfombra, abrazada a él llorando de alegría.
-Harry... Estás aquí... Conmigo...-sollocé enterrando la cara en su cuello.
-Si mi amor, estoy aquí, contigo, a tu lado.-susurró el acariciando mi pelo lentamente, sentándome sobre sus piernas.-Te dije que celebraríamos tu cumple a lo grande ¿no?
-Cuando volvieses...
-Pero no te dije cuando.-rió besando mi mejilla.-Te amo ¿sabes? Aunque ahora mismo me estés poniendo una cara de tonta épica.
Miré hacia las niñas de nuevo, que miraban alternativamente a Harry y a mí, como si nuestra conversación fuese un partido de tenis.
-Aún estoy un poco extrañada.-sonreí antes de besarle apasionadamente, tirándolo de nuevo en la alfombra.
-¡Os vais a ahogar!
-¡Harry déjala respirar!
-No seáis petardas.-les riñó Rose con el dedo acusador.
Después de unos minutos conseguí calmarme y soltar a Harry, que sonreía abiertamente, recostado en la alfombra.
-Estoy muy feliz.
-Se te nota, casi me ahogas.
-Lo siento, lo siento, lo siento.-reí abrazándolo.
-Antes de darte tu regalo quiero decirle algo a las chicas. ¿Me dejas koalita?-dijo levantándome con facilidad, con las piernas enredadas en su cintura.
-Si no me sueltas, perfecto.
-¿Qué nos quieres decir Harry?-preguntó Noe cogiendo las últimas palomitas del bol.
En ese momento sonó el timbre, en el preciso momento en el que todos estábamos en silencio.
-Ahí está. Ya voy yo.-sonrió llevándonos hacia la puerta.
*Narra Melissa*
Estábamos esperando a que Harry volviese cuando por la puerta asomó la dulce carita de Niall, sonriendo todo sonrojado.
-¿Está aquí mi tortillita?-preguntó sonriendo cuando Noe se tiró en plancha sobre él.
-¡Niall! ¡¿No tenías una firma de CD's hoy?!-exclamó saltando sobre él.
-Nos hemos escapado.
-¡¿Nos?!
-Se lo estáis haciendo pasar mal chicos.
En ese momento entraron Lou, Zayn y Liam en la habitación corriendo, cogiendo cada uno a sus respectivas chicas en brazos.
-Lou...
-Estoy aquí... Estoy aquí... ¡Pero no me llores!
-Lo siento. No lo puedo evitar.-sollocé escondiendo la cara en su pecho.
-Cuando me fui no llorabas.
-¡Lo hice cuando ya estabas en al avión!
-Ala, ya llego y me gritas. Me gustabas más cuando estabas en sock.-rió dándome vueltas en el aire.-Te amo.
-Yo también.¡Pero deja de darme vueltas y bésame!
Me plantó un beso de película, dejándome parcialmente sin aire y con ganas de más.
*Narra Lía*
En cuanto Zayn me cogió en brazos me sentí flotar, como si pesase apenas unos kilos entre sus brazos.
-¡Zayn!-grité besándolo apasionadamente, tirándolo en el sofá con fuerza, apoyando las rodillas para frenarle un poco más en golpe.
-¡Una que reacciona con un poco de vida!
-Yo reaccioné con vida.-dijo Carlota apoyándose en el pecho de Harry, que ya le había dejado varias marcas en el cuello.
-Cinco minutos después.
-Lo importante es hacerlo ¿no? ¡Rosalie!
Todos nos giramos instantáneamente. Nuestra dulce, delicada y cariñosa Rose estaba en brazos de Liam, que la sujetaba como si de una princesa se tratase, jugando con unos de sus bucles mientras ella le besaba, pero de una manera que a todos nos sorprendió.
-Lía, yo también quiero...
-¿Quieres desmayaste por falta de oxígeno? Porqué a Liam poco le falta...
-¡Qué va! El cambio es muy favorable.-rió Liam jugando con Rose como si fuese una muñequita, aupándola.
-Por supuesto.-sonrió ella.
Nos sentamos todos juntos en el espacioso salón, hablando entre nosotros, pero completamente pendientes de los chicos.
-Pero no habéis contestado a la pregunta. ¿Y la firma de CD's?
-Tuvimos que cambiarla de día y hacerla antes del concierto, sino era imposible que llegásemos a tiempo para tu cumpleaños.-sonrió Harry poniendo un dedo sobre la nariz de su novia.
-Nuestra idea era que sólo volviese Harry, pero se vinieron todos.-reí jugando con el pelo de Zayn.
-Os echábamos de menos.
-¡Y Melissa es último mes no vino aún encima!
-Tenía un examen muy importante.-se defendió ella.
-¡Hablando de cosas importantes! ¡No tenemos que ir!-exclamó Harry cogiendo a Carlota y echándosela al hombro.
-Cuidado con las escaleras.-les advertí recordando la graciosa caída de Rose el día de la mudanza.-¡Alguna ya rodó por ellas!
domingo, 7 de julio de 2013
Forty-Two
4 meses después (28 Noviembre)
*Narra Noelia*
Ya hacía casi cuatro meses que los chicos se habían ido, pero para nosotras seguían estando igual de presentes. Cuando nos despedimos de ellos en el aeropuerto fue el peor momento con diferencia.
*Flashback*
Rose lloraba en brazos de Liam, mientras este intentaba consolarla. Melissa se había abrazado a Louis como un mono, diciéndole lo mucho que le echaría de menos. Lía y Zayn hablaban por lo bajo sentados en los asientos de la puerta de embarque. A pesar del moreno Hawaiano de Lía en ese momento estaba blanquísima.
Harry tenía a Carlota sentada entre sus brazos, acunándola como si fuese en bebé. De vez en cuando se daban algún que otro beso, para consternación de las fans.
-Noe, prométeme que vendrás todos los meses a vernos.-susurró mi pequeño, con los ojos llenos de lágrimas.
-Te lo prometo.
Me costaba hablar, y sabía que si lo hacía empezaría a llorar sin remedio, pero lo último que quería era que Niall me recordara de esa manera, así que me esforcé por sonreír.
-Cuatro meses no son nada.
Cuando despegó el avión soltamos todas las lágrimas que habíamos ocultado, abrazándonos con fuerza las unas a las otras.
-A partir de ahora tenemos que mantener la calma.-susurró Lía.
-Si cuatro meses pasan en un suspiro.
-Meli tiene razón, no podemos flaquear ahora.-dijo Carlota.
-Propongo una noche de chicas, con helado y películas mala de risa.-exclamé cogiendo a Rose de la mano.
-¡Genial!
Nos cogimos de la mano y haciendo una pequeña cadena salimos de aeropuerto, dispuestas a disfrutar de nuestro nuevo hogar.
*Fin Flashback*
Faltaban unos días para que volviesen, pero justo hoy era el día del cumpleaños de Carlota, y decidimos hacerle el mejor regalo que pudiese haber pedido.
*Narra Carlota*
Estaba durmiendo plácidamente en la cama de Lía, ya que desde que se fueran los chicos solíamos dormir dos o tres en la misma cama para hacernos compañía, cambiando casi todas las semanas. Al final la habíamos convencido para que se mudase a nuestra nueva casa, mucho más espaciosa y con un alquiler realmente barato.
Abrí lentamente los ojos, dispuesta a levantarme de la cama para hacer el desayuno cuando alguien empezó a saltar por toda la cama.
-¡Felicidades! ¡Felicidades! ¡Felicidades!
-¡Lía! ¡Me vas a matar!
-¡Chicas! ¡El gorrión a salido del nido!-gritó cuando me levanté de allí con mi cara de buenos días.
-¡¿Pero qué dice esta?!
-Que ya eres un añito más vieja, aunque ya te iba siendo hora, eres la más pequeña de las cinco.-sonrió Rose obligándome a sentarme de nuevo en la cama.
-Quiero desayunar.-protesté inflando los mofletes.
-Aquí está el desayuno.-exclamaron Melissa y Noe, trayendo consigo mi preciosa tetera, regalo de Harry con un trozo de mi trata favorita.
-¡Muchísimas gracias!
-De nada, pero antes, tus regalos.
-Pero tengo hambre...
-¡A callar!-gritó Meli.
Después de una serie de disputas sobre quién empezaba Lía saltó sobre todas lanzándome un paquete malamente envuelto que reconocería entre un millón.
-Aunque Lía no lo diga el regalo es de las dos.-exclamó Noe tirándome sobre ella.
-¡Chispas! Adoro esa tienda...-reí abriéndolo.-Aaawww os adoro.
Era siete vinilos, con mis canciones favoritas de Queen, Michael Jackson, los Beatles, Elton John, los Rolling, Wham! y los Ramones.
-Rodrik nos dijo que eran tus favoritos, pero como no tenías la torre para escucharlos, no los comprabas.
-Es verdad... La tenía en Nueva York...
-Para eso viene nuestro regalo.-dijeron Meli y Rose levantándome de un tirón de allí.-Está en el salón.
Bajé corriendo las escaleras, como un niño el día de Navidad, deseando ver sus regalos. En el medio del salón había un paquete enorme, envuelto en papel de flores vintage, típico de Rose, pensé.
Iba a empezar a abrirlo cuando llegaron las chicas.
-¡Espera, espera! Antes tienes que cerrar los ojos.-rió Noelia.
Las miré desconfiada pero asentí. En ese momento olí una colonia muy familiar, fresca y ligera, junto a mi oído.
-Felicidades pequeña.
*Narra Noelia*
Ya hacía casi cuatro meses que los chicos se habían ido, pero para nosotras seguían estando igual de presentes. Cuando nos despedimos de ellos en el aeropuerto fue el peor momento con diferencia.
*Flashback*
Rose lloraba en brazos de Liam, mientras este intentaba consolarla. Melissa se había abrazado a Louis como un mono, diciéndole lo mucho que le echaría de menos. Lía y Zayn hablaban por lo bajo sentados en los asientos de la puerta de embarque. A pesar del moreno Hawaiano de Lía en ese momento estaba blanquísima.
Harry tenía a Carlota sentada entre sus brazos, acunándola como si fuese en bebé. De vez en cuando se daban algún que otro beso, para consternación de las fans.
-Noe, prométeme que vendrás todos los meses a vernos.-susurró mi pequeño, con los ojos llenos de lágrimas.
-Te lo prometo.
Me costaba hablar, y sabía que si lo hacía empezaría a llorar sin remedio, pero lo último que quería era que Niall me recordara de esa manera, así que me esforcé por sonreír.
-Cuatro meses no son nada.
Cuando despegó el avión soltamos todas las lágrimas que habíamos ocultado, abrazándonos con fuerza las unas a las otras.
-A partir de ahora tenemos que mantener la calma.-susurró Lía.
-Si cuatro meses pasan en un suspiro.
-Meli tiene razón, no podemos flaquear ahora.-dijo Carlota.
-Propongo una noche de chicas, con helado y películas mala de risa.-exclamé cogiendo a Rose de la mano.
-¡Genial!
Nos cogimos de la mano y haciendo una pequeña cadena salimos de aeropuerto, dispuestas a disfrutar de nuestro nuevo hogar.
*Fin Flashback*
Faltaban unos días para que volviesen, pero justo hoy era el día del cumpleaños de Carlota, y decidimos hacerle el mejor regalo que pudiese haber pedido.
*Narra Carlota*
Estaba durmiendo plácidamente en la cama de Lía, ya que desde que se fueran los chicos solíamos dormir dos o tres en la misma cama para hacernos compañía, cambiando casi todas las semanas. Al final la habíamos convencido para que se mudase a nuestra nueva casa, mucho más espaciosa y con un alquiler realmente barato.
Abrí lentamente los ojos, dispuesta a levantarme de la cama para hacer el desayuno cuando alguien empezó a saltar por toda la cama.
-¡Felicidades! ¡Felicidades! ¡Felicidades!
-¡Lía! ¡Me vas a matar!
-¡Chicas! ¡El gorrión a salido del nido!-gritó cuando me levanté de allí con mi cara de buenos días.
-¡¿Pero qué dice esta?!
-Que ya eres un añito más vieja, aunque ya te iba siendo hora, eres la más pequeña de las cinco.-sonrió Rose obligándome a sentarme de nuevo en la cama.
-Quiero desayunar.-protesté inflando los mofletes.
-Aquí está el desayuno.-exclamaron Melissa y Noe, trayendo consigo mi preciosa tetera, regalo de Harry con un trozo de mi trata favorita.
-¡Muchísimas gracias!
-De nada, pero antes, tus regalos.
-Pero tengo hambre...
-¡A callar!-gritó Meli.
Después de una serie de disputas sobre quién empezaba Lía saltó sobre todas lanzándome un paquete malamente envuelto que reconocería entre un millón.
-Aunque Lía no lo diga el regalo es de las dos.-exclamó Noe tirándome sobre ella.
-¡Chispas! Adoro esa tienda...-reí abriéndolo.-Aaawww os adoro.
Era siete vinilos, con mis canciones favoritas de Queen, Michael Jackson, los Beatles, Elton John, los Rolling, Wham! y los Ramones.
-Rodrik nos dijo que eran tus favoritos, pero como no tenías la torre para escucharlos, no los comprabas.
-Es verdad... La tenía en Nueva York...
-Para eso viene nuestro regalo.-dijeron Meli y Rose levantándome de un tirón de allí.-Está en el salón.
Bajé corriendo las escaleras, como un niño el día de Navidad, deseando ver sus regalos. En el medio del salón había un paquete enorme, envuelto en papel de flores vintage, típico de Rose, pensé.
Iba a empezar a abrirlo cuando llegaron las chicas.
-¡Espera, espera! Antes tienes que cerrar los ojos.-rió Noelia.
Las miré desconfiada pero asentí. En ese momento olí una colonia muy familiar, fresca y ligera, junto a mi oído.
-Felicidades pequeña.
domingo, 30 de junio de 2013
Aviso
Siento muchísimo haber tardado tanto en subir un capitulo, pero las clases y mi escuela de baile me han tenido muy liada :S
A partir de ahora subiré como mínimo un capítulo a la semana, ya que a la novela y a las chicas aún nos queda mucha guerra que dar. Ojalá disfrutéis leyéndola como yo escribiéndola.
Besos a tod@s :3
A partir de ahora subiré como mínimo un capítulo a la semana, ya que a la novela y a las chicas aún nos queda mucha guerra que dar. Ojalá disfrutéis leyéndola como yo escribiéndola.
Besos a tod@s :3
Forty-One
*Narra Rose*
Desde qué llegamos a Sicilia no hemos parado de ir a la playa. Liam estaba adquiriendo un color realmente bonito, pero yo seguía tan blanca como la leche.
-Es imposible.-bufé el quinto día mirándome al espejo.-Parece que no he pisado la playa en años.
-Cariño, eres muy blanca, lo raro sería que lo estuvieses.-sonrió rodeando mi cintura con su brazo.-¿Vamos a comer?
-Sí.-suspiré dándome por vencida.
Caminamos cogidos de la mano hasta un pequeño restaurante al lado de la playa. Las mesas y las sillas estaban sumergidas parcialmente en el agua, por lo que comíamos con la fresca a brisa del mar y el cosquilleo de los pececillos en los pies.
-Me hacen cosquillas.-reí cogiendo la mano de Liam.
-Son realmente adorables.
-Ojalá pudiésemos quedarnos aquí para siempre.-suspiré.
-Sería maravilloso... Así seguro que cogías color.
-No seas mezquino, que no todos nos podemos poner al sol en plan tostada sin quemarnos.
-Tampoco me pongo así. Sólo me doy la vuelta cada media hora.
-Es lo mismo.-reí poniendo los ojos en blanco.
-Cambiemos de tema. Cuando me vaya... Voy a echarte mucho de menos...
-Yo también... Pero intentemos no pensar en ello. Estos días que nos quedan quiero que sólo pensemos en nosotros.
Sonrió visiblemente triste, pero asintió antes de besarme.
Cuando acabamos de comer decidimos alquilar una canoa e ir a dar una vuelta al rededor de la isla.
-¿Quieres que vaya yo detrás?
-Detrás va el que tiene más experiencia.-sonrió dándome el remo.
-Llevo haciendo piragüismo desde los ocho años.
-Entonces no digo nada.
Al principio nos costaba bastante compenetrarnos, pero diez mi unos después ya iba todo como la seda.
-Rose, se me cansan los brazos.-bufó dejando de remar.
-No seas quejica. Aún queda un trozo de ida y la vuelta.
-Esta bien. Pararemos a descansar ¿no?
-Claro tonto. ¡Mira! Ahí hay una pequeña cala.
-¡Aleluya! Para ahí.
De repente Liam le empezó a dar caña a la canoa de una manera sobrenatural, hasta fue el primero en bajarse para encayarla la arena.
-¡Listo!
-Tira un poco más hacia arriba, que como se la lleve la corriente hay que volver a nado.-bromeé.
-¿Es broma no?-me preguntó poniéndose blanco.
-En absoluto.-dije fingiendo seriedad.
Corrió como un loco hacia ella subiéndola hasta el final de la cala, sin necesidad de mi ayuda.
-Muy bien cariño. Ahora es cuando te digo que exageraba.
-Y yo que ya no te doy más besos hasta que vuelva.-se burló haciendo pucheros.-Aunque eso me fastidia también a mi.
-Amo que seas tan tontito.-sonreí saltando sobre su espalda.-¿Tomamos el sol tostadita?
-Pero quítame el chaleco que no quiero moreno obrero.
Nos acostamos sobre la arena, poniéndonos la espalda como si fuésemos croquetas, pero nunca había estado tan feliz.
-Si estuviese aquí Lía diría que estamos haciendo el Caterpi.
-No, no estamos llenos por los dos lado de arena.-dije inocentemente.
-¡Pero tu ahora si!-exclamó cogiéndome por la cintura dándome vueltas, llenándome de arena por ambos lados.
-No, no, no. Me vengaré.-dije cuando me soltó sentándome sobre su abdomen.-Pero antes me voy al agua.
-¿Sola?
-Sí. Tengo arena hasta dentro del bikini.-me lamenté mojando los pies en la orilla.
-¡Voy contigo!
-De eso nada, espíritu de Satanás.-exclamé cuando me cogió en brazos y unió nuestros labios en un dulce beso.
-Yo también te quiero.
-Yo te amo.-susurré volviendo a besarle.
Podría decir que nos bañamos y volvimos al hotel remando, pero sería mentir descaradamente. Un beso llevó a otro, una caricia a otra y así sucesivamente, hasta acabar acostados exhaustos de nuevo en la arena de la playa.
-Rose...
-¿Sí?
-Por cosas como estas voy a echarte muchísimo más de menos cuando me vaya.-musitó besando mi hombro.-Y por recuerdos como este seré más fuerte allí.
-Iré a verte todos los meses. Además, ellos también van a sentirse solos. Es el momento de apoyaros al máximo, ¡que eres la mamá de One Direction!
-Pues entonces tenemos cuatro hijos.
-Y lo que nos quedan.-susurré juntando nuestros labios de nuevo.
Desde qué llegamos a Sicilia no hemos parado de ir a la playa. Liam estaba adquiriendo un color realmente bonito, pero yo seguía tan blanca como la leche.
-Es imposible.-bufé el quinto día mirándome al espejo.-Parece que no he pisado la playa en años.
-Cariño, eres muy blanca, lo raro sería que lo estuvieses.-sonrió rodeando mi cintura con su brazo.-¿Vamos a comer?
-Sí.-suspiré dándome por vencida.
Caminamos cogidos de la mano hasta un pequeño restaurante al lado de la playa. Las mesas y las sillas estaban sumergidas parcialmente en el agua, por lo que comíamos con la fresca a brisa del mar y el cosquilleo de los pececillos en los pies.
-Me hacen cosquillas.-reí cogiendo la mano de Liam.
-Son realmente adorables.
-Ojalá pudiésemos quedarnos aquí para siempre.-suspiré.
-Sería maravilloso... Así seguro que cogías color.
-No seas mezquino, que no todos nos podemos poner al sol en plan tostada sin quemarnos.
-Tampoco me pongo así. Sólo me doy la vuelta cada media hora.
-Es lo mismo.-reí poniendo los ojos en blanco.
-Cambiemos de tema. Cuando me vaya... Voy a echarte mucho de menos...
-Yo también... Pero intentemos no pensar en ello. Estos días que nos quedan quiero que sólo pensemos en nosotros.
Sonrió visiblemente triste, pero asintió antes de besarme.
Cuando acabamos de comer decidimos alquilar una canoa e ir a dar una vuelta al rededor de la isla.
-¿Quieres que vaya yo detrás?
-Detrás va el que tiene más experiencia.-sonrió dándome el remo.
-Llevo haciendo piragüismo desde los ocho años.
-Entonces no digo nada.
Al principio nos costaba bastante compenetrarnos, pero diez mi unos después ya iba todo como la seda.
-Rose, se me cansan los brazos.-bufó dejando de remar.
-No seas quejica. Aún queda un trozo de ida y la vuelta.
-Esta bien. Pararemos a descansar ¿no?
-Claro tonto. ¡Mira! Ahí hay una pequeña cala.
-¡Aleluya! Para ahí.
De repente Liam le empezó a dar caña a la canoa de una manera sobrenatural, hasta fue el primero en bajarse para encayarla la arena.
-¡Listo!
-Tira un poco más hacia arriba, que como se la lleve la corriente hay que volver a nado.-bromeé.
-¿Es broma no?-me preguntó poniéndose blanco.
-En absoluto.-dije fingiendo seriedad.
Corrió como un loco hacia ella subiéndola hasta el final de la cala, sin necesidad de mi ayuda.
-Muy bien cariño. Ahora es cuando te digo que exageraba.
-Y yo que ya no te doy más besos hasta que vuelva.-se burló haciendo pucheros.-Aunque eso me fastidia también a mi.
-Amo que seas tan tontito.-sonreí saltando sobre su espalda.-¿Tomamos el sol tostadita?
-Pero quítame el chaleco que no quiero moreno obrero.
Nos acostamos sobre la arena, poniéndonos la espalda como si fuésemos croquetas, pero nunca había estado tan feliz.
-Si estuviese aquí Lía diría que estamos haciendo el Caterpi.
-No, no estamos llenos por los dos lado de arena.-dije inocentemente.
-¡Pero tu ahora si!-exclamó cogiéndome por la cintura dándome vueltas, llenándome de arena por ambos lados.
-No, no, no. Me vengaré.-dije cuando me soltó sentándome sobre su abdomen.-Pero antes me voy al agua.
-¿Sola?
-Sí. Tengo arena hasta dentro del bikini.-me lamenté mojando los pies en la orilla.
-¡Voy contigo!
-De eso nada, espíritu de Satanás.-exclamé cuando me cogió en brazos y unió nuestros labios en un dulce beso.
-Yo también te quiero.
-Yo te amo.-susurré volviendo a besarle.
Podría decir que nos bañamos y volvimos al hotel remando, pero sería mentir descaradamente. Un beso llevó a otro, una caricia a otra y así sucesivamente, hasta acabar acostados exhaustos de nuevo en la arena de la playa.
-Rose...
-¿Sí?
-Por cosas como estas voy a echarte muchísimo más de menos cuando me vaya.-musitó besando mi hombro.-Y por recuerdos como este seré más fuerte allí.
-Iré a verte todos los meses. Además, ellos también van a sentirse solos. Es el momento de apoyaros al máximo, ¡que eres la mamá de One Direction!
-Pues entonces tenemos cuatro hijos.
-Y lo que nos quedan.-susurré juntando nuestros labios de nuevo.
domingo, 12 de mayo de 2013
Forty
*Narra Noelia*
-¡Efto esftá buenísimo!
-¡Niall! ¡No hables con la boca así de llena!-reí limpiándole las comisuras de los labios con una servilleta.
-Perdona amor, pero siente un amor irrefrenable hacia la comida española.
-Yo creo que más bien es hacia toda la comida en general-reí.
Seguimos comiendo en la terraza de aquel precioso restaurante. Llevábamos cuatro días allí, pero a este paso volveríamos a Londres como dos pelotas de playa, sobre todo Niall.
-A propósito, te tengo preparada una sorpresa.-dijo ya en el postre.
-¿Más? ¿Qué es, qué es?-pregunté ansiosa.
-Si te lo digo no es una sorpresa.
-Ya sabes que no me gustan demasiado las sorpresas.-apunté.
-Y a mi que te comas todo el helado sola.-bufó señalando mi plato.-Era para compartir.
-Si me dices a donde vamos a lo mejor te lo doy.-sonreí apartándolo.
-Ni con esas.
Cogí la cucharilla y le quité una buena parte, acercándolo lentamente a mi boca.
-Noooooo. Está bien... ¡Nos vamos a Portaventura!
-¿En serio?-pregunté con la cuchara a medio camino.
-Si, he reservado dos entradas.-sonrió.-Ahora quiero helado.
Me levanté hasta quedar sentada en su regazo, con el helado en una mano y la cuchara en otra.
-A ver, di:" Aaah"
-¿En serio?
Asentí y abrió la boca obedientemente.
-¿Cuándo acabemos nos vamos a la playa? Me apetece tomar el sol.
-La que la señorita quiera.
Pagó y después de una avalancha de fans pudimos irnos a la playa. Toda la tarde la pasamos allí, acostados en cómodas tumbonas y bebiendo cócteles con sombrillitas.
Por la noche cenamos en un italiano, pero decidimos no salir de copas para estar despejados en el parque de atracciones.
A la mañana siguiente me despertaron los besos de Niall.
-¡Me haces cosquillas!
-Buenos días. ¡Arriba que ya está aquí el desayuno!
-Cinco minutos.-bufé metiéndome bajo las mantas.
-No tienes cinco minutos Noelia.-me reprochó.
-No quiero, estoy cansada...
-Como quieras.
Pasaron un par de minutos en silencio. Saqué la cabeza temerosa de que se hubiese enfadado, pero no estaba en la habitación.
-¿Niall? ¡Niall!-exclamé preocupada.
Me levanté de un salto de la cama, cuando una mano que salía de debajo de ella me agarró del pie. Pegué un fuerte alarido, hasta que oí la risa de mi novio.
-¡No ha tenido gracia!-exclamé enfadada.
Debajo de la cama Nall seguía riéndose como un loco.
-Tenías que ver tu cara Dios mío.
-Y tu la tuya de imbécil ahora mismo.-grité cogiendo una tostada untada en mermelada y estampándosela en la cara.-Fíjate tu que pareces un payaso.
-No te enfades mi vida, estabas muy guapa asustada.-rió limpiándose la cara con las manos.-Uhm... Que rica...
-Estoy enfadada.-dije intentando contener la risa, viendo su cara llena de mermelada de fresa.
-No, no lo estás, te estás riendo.-respondió sentándose en la cama.-¿Me das un beso de esos que convierten a los príncipes en rana?
-Tonto.
Se acercó y me cogió en brazos, tirándome sobre la cama y acostándose sobre mi, haciéndome cosquillas.
-¡Para por favor!
-Dame un beso.
-Deja de hacerme cosquillas.
-Pues dame un beso.-repitió.-Sin ellos no vivo. Imagina si me muero que tragedia para las fans.
Le besé apasionadamente, estrechándole entre mis brazos, como si lo protegiese de algo.
-¿Contento?
-Sumamente. Ahora desayuna, que nos espera un día agotador.
Después de desayunar Niall alquiló un coche para poder irnos hasta el parque de atracciones sin complicarnos demasiado la vida. Llegamos y atravesamos las puertas cogidos de la mano, haciéndome sentir como una niña pequeña.
Entonces me di cuenta de que estaba todo desierto.
-¿Hemos llegado muy pronto o alguien se ha encargado de que no haya nadie?
-Yo apostaría por que llegamos muy pronto.-rió.
-¿Por dónde empezamos?
-Por donde tu quieras.
Y empezamos por donde yo quise, sólo paramos para comer. Niall se encargaba de comprar todas las fotografías que nos hacían en las atracciones y algunas las publicaba en Twitter, para que los demás las viesen donde quiera que estubiesen.
-¡Esa no! ¡Parezco un fraggel!
-Lo siento, pero esa ya la subí.
-¡Pues entonces subo yo la tuya con cara de diarrea crónica!-le amenacé.
-Dejemos el tema. ¿Un algodón de azúcar?
-Me parece bien.-dije cogiendo la mano que me tendía.
-¿De qué color lo quieres?
-Azul, como tu ojos.
-Excelente elección.
Lo cogí sonriente. Iba a coger un trocito cuando se me adelantó y me lo metió en la boca.
-Aum... ¡Que bueno!
-Me alegro de que te guste.-susurró acercándose a mis labios.-¿Si te beso sabrás a azúcar?
-Puedes probar, pero te quedará la boca azul.
-Me arriesgaré.-musitó sobre mis labios.
-¡Efto esftá buenísimo!
-¡Niall! ¡No hables con la boca así de llena!-reí limpiándole las comisuras de los labios con una servilleta.
-Perdona amor, pero siente un amor irrefrenable hacia la comida española.
-Yo creo que más bien es hacia toda la comida en general-reí.
Seguimos comiendo en la terraza de aquel precioso restaurante. Llevábamos cuatro días allí, pero a este paso volveríamos a Londres como dos pelotas de playa, sobre todo Niall.
-A propósito, te tengo preparada una sorpresa.-dijo ya en el postre.
-¿Más? ¿Qué es, qué es?-pregunté ansiosa.
-Si te lo digo no es una sorpresa.
-Ya sabes que no me gustan demasiado las sorpresas.-apunté.
-Y a mi que te comas todo el helado sola.-bufó señalando mi plato.-Era para compartir.
-Si me dices a donde vamos a lo mejor te lo doy.-sonreí apartándolo.
-Ni con esas.
Cogí la cucharilla y le quité una buena parte, acercándolo lentamente a mi boca.
-Noooooo. Está bien... ¡Nos vamos a Portaventura!
-¿En serio?-pregunté con la cuchara a medio camino.
-Si, he reservado dos entradas.-sonrió.-Ahora quiero helado.
Me levanté hasta quedar sentada en su regazo, con el helado en una mano y la cuchara en otra.
-A ver, di:" Aaah"
-¿En serio?
Asentí y abrió la boca obedientemente.
-¿Cuándo acabemos nos vamos a la playa? Me apetece tomar el sol.
-La que la señorita quiera.
Pagó y después de una avalancha de fans pudimos irnos a la playa. Toda la tarde la pasamos allí, acostados en cómodas tumbonas y bebiendo cócteles con sombrillitas.
Por la noche cenamos en un italiano, pero decidimos no salir de copas para estar despejados en el parque de atracciones.
A la mañana siguiente me despertaron los besos de Niall.
-¡Me haces cosquillas!
-Buenos días. ¡Arriba que ya está aquí el desayuno!
-Cinco minutos.-bufé metiéndome bajo las mantas.
-No tienes cinco minutos Noelia.-me reprochó.
-No quiero, estoy cansada...
-Como quieras.
Pasaron un par de minutos en silencio. Saqué la cabeza temerosa de que se hubiese enfadado, pero no estaba en la habitación.
-¿Niall? ¡Niall!-exclamé preocupada.
Me levanté de un salto de la cama, cuando una mano que salía de debajo de ella me agarró del pie. Pegué un fuerte alarido, hasta que oí la risa de mi novio.
-¡No ha tenido gracia!-exclamé enfadada.
Debajo de la cama Nall seguía riéndose como un loco.
-Tenías que ver tu cara Dios mío.
-Y tu la tuya de imbécil ahora mismo.-grité cogiendo una tostada untada en mermelada y estampándosela en la cara.-Fíjate tu que pareces un payaso.
-No te enfades mi vida, estabas muy guapa asustada.-rió limpiándose la cara con las manos.-Uhm... Que rica...
-Estoy enfadada.-dije intentando contener la risa, viendo su cara llena de mermelada de fresa.
-No, no lo estás, te estás riendo.-respondió sentándose en la cama.-¿Me das un beso de esos que convierten a los príncipes en rana?
-Tonto.
Se acercó y me cogió en brazos, tirándome sobre la cama y acostándose sobre mi, haciéndome cosquillas.
-¡Para por favor!
-Dame un beso.
-Deja de hacerme cosquillas.
-Pues dame un beso.-repitió.-Sin ellos no vivo. Imagina si me muero que tragedia para las fans.
Le besé apasionadamente, estrechándole entre mis brazos, como si lo protegiese de algo.
-¿Contento?
-Sumamente. Ahora desayuna, que nos espera un día agotador.
Después de desayunar Niall alquiló un coche para poder irnos hasta el parque de atracciones sin complicarnos demasiado la vida. Llegamos y atravesamos las puertas cogidos de la mano, haciéndome sentir como una niña pequeña.
Entonces me di cuenta de que estaba todo desierto.
-¿Hemos llegado muy pronto o alguien se ha encargado de que no haya nadie?
-Yo apostaría por que llegamos muy pronto.-rió.
-¿Por dónde empezamos?
-Por donde tu quieras.
Y empezamos por donde yo quise, sólo paramos para comer. Niall se encargaba de comprar todas las fotografías que nos hacían en las atracciones y algunas las publicaba en Twitter, para que los demás las viesen donde quiera que estubiesen.
-¡Esa no! ¡Parezco un fraggel!
-Lo siento, pero esa ya la subí.
-¡Pues entonces subo yo la tuya con cara de diarrea crónica!-le amenacé.
-Dejemos el tema. ¿Un algodón de azúcar?
-Me parece bien.-dije cogiendo la mano que me tendía.
-¿De qué color lo quieres?
-Azul, como tu ojos.
-Excelente elección.
Lo cogí sonriente. Iba a coger un trocito cuando se me adelantó y me lo metió en la boca.
-Aum... ¡Que bueno!
-Me alegro de que te guste.-susurró acercándose a mis labios.-¿Si te beso sabrás a azúcar?
-Puedes probar, pero te quedará la boca azul.
-Me arriesgaré.-musitó sobre mis labios.
domingo, 5 de mayo de 2013
Thirty-nine
*Narra Lía*
-¡Zayn! ¡Arriba, arriba!-exclamé saltando en la cama.
-¿Lía? ¿Qué pasó princesa?
-¡Hoy hay un concierto en la playa!
-¿Son conocidos?-preguntó restregándose un ojo con la mano.
-No, pero seguro que están bien.
-Como quieras.-dijo acostándome sobre él.-¿A qué hora?
-Sobre las once.-respondí mordiéndome el labio inferior.
-¿Y a qué vino este ataque terrorista a mi cama?
-Me prometiste que iríamos a la playa.
-No me acuerdo de eso.-sonrió antes de besarme.-Dame unos minutos ¿vale?
Se levantó con soltura, envuelto en las sábanas de la cama, completamente deshecha por nuestra intensa noche. Cuando acabó lo arrastré hasta la playa.
-¿Nos bañamos?
-Acabo de ducharme y ya otra vez al agua. Ni de coña.-bufó.
-¿Entonces?
-¿Sabes jugar al voley?-preguntó divertido.
-No demasiado. En el instituto me obligaron, pero no se me daba muy bien.
-Es sencillo. Yo soy muy buen profesor, en seguida aprenderás.
-Genial... ¿Y de donde sacamos la pelota?-pregunté escéptica.
Para mi desgracia justo detrás había una red con una caseta al lado, con un letrero enorme que anunciaba el precio del alquiler de tumbonas, sombrillas y los malditos balones de voley.
-De allí.
-Menos recochineos Malik, que aún te voy a patear el trasero.-gruñí.
Me llevó de la mano hasta el campo. Se fue antes de que pudiese seguir protestando. Salió de ese cuchitril todo emocionado, dándole vueltas al balón sobre la punta del dedo índice.
-Empecemos.-sonrió.
Me enseñó como trocar con los dedos y sacar. No daba llegado al otro lado de la red y más de una vez casi le doy en la cabeza a varias chicas que se acercaban a mi novio para pedirle un autógrafo.
-Entiendo que no te gusten, pero de ahí a casi dejarlas sin cabeza hay un trecho.-rió.
-No te rías, que yo no lo hago cuando bailas.-me quejé.
Se acercó a mi, hasta rodear mi cintura con sus brazos, pegándome a su pecho.
-Bailo mejor de lo que crees.-dijo en un susurro ronco.-Puedo demostrártelo cuando quieras.
-Esta noche...
-Esta noche.-asintió.-Ahora a lo nuestro.
- ¡No por favor!
-Venga, un partido rápido y nos bañamos.
-Sólo somos dos, es imposible.-me resistí agarrándome a él como un mono.
-Vengaaa... Si te portas bien te compro un helado.
Me bajé de un saltito, con mi mente maquinando un plan para librarme de esta pesadilla. Se me iluminó la mente en cuanto lanzó el balón. Corrí hacia el balón, pero me dio en toda la frente, justo donde quería. Caí de espaldas para darle mayor teatralidad, apoyando una mano en la arena para no hacerme daño y fingiendo un desmayo.
-¿Lía...? ¡Oh Dios mío! ¡Lía!-le oí gritar.
En menos de un segundo lo tenía a mi lado, levantando mi cabeza para colocarme algo debajo, alzándomela un poco. Sentí sus manos en mis mejillas, junto con unas gotas resbalando por mi piel. Oh no, estaba llorando, mi pequeño estaba llorando por mí.
Abrí los ojos lentamente, sacándole un grito de asombro.
-Lía... Menos mal... Pensé que te perdía pequeña.-suspiró aún angustiado.-¿Puedes incorporarte?
Asentí teatralmente, me parecía increíble que no se diese cuenta de que fingía. Cogió una botella de agua y me la acercó a los labios lentamente. Bebí una poca, poniendo mala cara y abrazándolo.
-¿Te duele?
-Un poco... Pero no es nada...
-Claro que lo es.-suspiró.
Llamó a uno de sus guardaespaldas. Al poco apareció con unos hielos envueltos en un pañuelo de seda.
-Pronto se derretirán.
-Lo se, pero mientras tanto te aliviarán el dolor de la frente.-musitó sentándose a mi lado en la arena.
Después de unos segundos en silencio me sentía incómoda, así que apoyé la espalda contra su pecho, mientras el seguía poniéndome hielo en la zona "golpeada".
-¿Qué tal va ahora?-preguntó un rato después.
-Bien. Ya casi no me duele. No fue más que un golpe tonto.
-Menos mal... Casi me da algo cuando te caíste de espaldas...
-Para que digan que es bueno hacer deporte.-gruñí.
-Ai... ¿Me perdonas? Casi te dejo un moratón en la frente.
-¡Casi me haces parecer un unicornio!-reí levantándome con facilidad.-Estoy bien, pero jamás volveré a coger un balón de voley, que te quede claro.
Asintió sonriendo un poco. Cogí su mano y tiré de él hasta acercarle, dándole un suave beso.
-¿Vamos al agua ya?
-Lía, ¿acabas de darte un golpe y ya quieres meterte en el agua a por el siguiente?
-Te prometo que no nos alejaremos de la orilla, pero por lo menos mojar los pies.-dije poniendo voz de niña pequeña.
Asintió un poco tenso, pero caminamos hacia la orilla lentamente. El agua estaba demasiado caliente para mi gusto, pero era agradable cambiar de vez en cuando. Me senté en la arena, con el agua por la cintura. Zayn hizo lo mismo, rodeándome con sus brazos.
-¿Te amo sabes?-susurré.
-Yo también... Te voy a echar mucho de menos...
-Quería decirte una cosa antes de que te fueras...-dije haciéndome la misteriosa.
Me miró extrañado pero asintió.
-Como me entere de que me pones los cuernos con alguno de los chicos te doy una patada en el culo que llegas a Australia, rebotas en la ópera de Sidney y vuelves.-reí apuntándolo con un dedo.
Empezó a reírse como un loco. Me cogió en brazos y empezó a caminar hacia el mar. Cuando le llegó el agua por la cintura acercó sus labios a mi oído.
-Pensé que sería algo serio.
-Que poco me conoces.-sonreí.
Acercó sus labios a los míos, haciéndome abrirlos involuntariamente. Estaba a punto de rozar sus labios con mi lengua cuando me soltó, sin previo aviso, haciéndome tragar agua.
-¡Zayn Malik!-grité cuando salí a la superficie.
-Cógeme si puedes unicornio.-sonrió alejándose.
Salté sobre él y ambos caímos en la arena, ya en la orilla.
-Parecemos croquetas.-rió acariciando mi espalda, llena de arena.
-Te amo.-susurró acercando sus labios a los míos.
-¿Ahora si?
-Ahora si.-musitó, sellando este momento con un beso.
-¡Zayn! ¡Arriba, arriba!-exclamé saltando en la cama.
-¿Lía? ¿Qué pasó princesa?
-¡Hoy hay un concierto en la playa!
-¿Son conocidos?-preguntó restregándose un ojo con la mano.
-No, pero seguro que están bien.
-Como quieras.-dijo acostándome sobre él.-¿A qué hora?
-Sobre las once.-respondí mordiéndome el labio inferior.
-¿Y a qué vino este ataque terrorista a mi cama?
-Me prometiste que iríamos a la playa.
-No me acuerdo de eso.-sonrió antes de besarme.-Dame unos minutos ¿vale?
Se levantó con soltura, envuelto en las sábanas de la cama, completamente deshecha por nuestra intensa noche. Cuando acabó lo arrastré hasta la playa.
-¿Nos bañamos?
-Acabo de ducharme y ya otra vez al agua. Ni de coña.-bufó.
-¿Entonces?
-¿Sabes jugar al voley?-preguntó divertido.
-No demasiado. En el instituto me obligaron, pero no se me daba muy bien.
-Es sencillo. Yo soy muy buen profesor, en seguida aprenderás.
-Genial... ¿Y de donde sacamos la pelota?-pregunté escéptica.
Para mi desgracia justo detrás había una red con una caseta al lado, con un letrero enorme que anunciaba el precio del alquiler de tumbonas, sombrillas y los malditos balones de voley.
-De allí.
-Menos recochineos Malik, que aún te voy a patear el trasero.-gruñí.
Me llevó de la mano hasta el campo. Se fue antes de que pudiese seguir protestando. Salió de ese cuchitril todo emocionado, dándole vueltas al balón sobre la punta del dedo índice.
-Empecemos.-sonrió.
Me enseñó como trocar con los dedos y sacar. No daba llegado al otro lado de la red y más de una vez casi le doy en la cabeza a varias chicas que se acercaban a mi novio para pedirle un autógrafo.
-Entiendo que no te gusten, pero de ahí a casi dejarlas sin cabeza hay un trecho.-rió.
-No te rías, que yo no lo hago cuando bailas.-me quejé.
Se acercó a mi, hasta rodear mi cintura con sus brazos, pegándome a su pecho.
-Bailo mejor de lo que crees.-dijo en un susurro ronco.-Puedo demostrártelo cuando quieras.
-Esta noche...
-Esta noche.-asintió.-Ahora a lo nuestro.
- ¡No por favor!
-Venga, un partido rápido y nos bañamos.
-Sólo somos dos, es imposible.-me resistí agarrándome a él como un mono.
-Vengaaa... Si te portas bien te compro un helado.
Me bajé de un saltito, con mi mente maquinando un plan para librarme de esta pesadilla. Se me iluminó la mente en cuanto lanzó el balón. Corrí hacia el balón, pero me dio en toda la frente, justo donde quería. Caí de espaldas para darle mayor teatralidad, apoyando una mano en la arena para no hacerme daño y fingiendo un desmayo.
-¿Lía...? ¡Oh Dios mío! ¡Lía!-le oí gritar.
En menos de un segundo lo tenía a mi lado, levantando mi cabeza para colocarme algo debajo, alzándomela un poco. Sentí sus manos en mis mejillas, junto con unas gotas resbalando por mi piel. Oh no, estaba llorando, mi pequeño estaba llorando por mí.
Abrí los ojos lentamente, sacándole un grito de asombro.
-Lía... Menos mal... Pensé que te perdía pequeña.-suspiró aún angustiado.-¿Puedes incorporarte?
Asentí teatralmente, me parecía increíble que no se diese cuenta de que fingía. Cogió una botella de agua y me la acercó a los labios lentamente. Bebí una poca, poniendo mala cara y abrazándolo.
-¿Te duele?
-Un poco... Pero no es nada...
-Claro que lo es.-suspiró.
Llamó a uno de sus guardaespaldas. Al poco apareció con unos hielos envueltos en un pañuelo de seda.
-Pronto se derretirán.
-Lo se, pero mientras tanto te aliviarán el dolor de la frente.-musitó sentándose a mi lado en la arena.
Después de unos segundos en silencio me sentía incómoda, así que apoyé la espalda contra su pecho, mientras el seguía poniéndome hielo en la zona "golpeada".
-¿Qué tal va ahora?-preguntó un rato después.
-Bien. Ya casi no me duele. No fue más que un golpe tonto.
-Menos mal... Casi me da algo cuando te caíste de espaldas...
-Para que digan que es bueno hacer deporte.-gruñí.
-Ai... ¿Me perdonas? Casi te dejo un moratón en la frente.
-¡Casi me haces parecer un unicornio!-reí levantándome con facilidad.-Estoy bien, pero jamás volveré a coger un balón de voley, que te quede claro.
Asintió sonriendo un poco. Cogí su mano y tiré de él hasta acercarle, dándole un suave beso.
-¿Vamos al agua ya?
-Lía, ¿acabas de darte un golpe y ya quieres meterte en el agua a por el siguiente?
-Te prometo que no nos alejaremos de la orilla, pero por lo menos mojar los pies.-dije poniendo voz de niña pequeña.
Asintió un poco tenso, pero caminamos hacia la orilla lentamente. El agua estaba demasiado caliente para mi gusto, pero era agradable cambiar de vez en cuando. Me senté en la arena, con el agua por la cintura. Zayn hizo lo mismo, rodeándome con sus brazos.
-¿Te amo sabes?-susurré.
-Yo también... Te voy a echar mucho de menos...
-Quería decirte una cosa antes de que te fueras...-dije haciéndome la misteriosa.
Me miró extrañado pero asintió.
-Como me entere de que me pones los cuernos con alguno de los chicos te doy una patada en el culo que llegas a Australia, rebotas en la ópera de Sidney y vuelves.-reí apuntándolo con un dedo.
Empezó a reírse como un loco. Me cogió en brazos y empezó a caminar hacia el mar. Cuando le llegó el agua por la cintura acercó sus labios a mi oído.
-Pensé que sería algo serio.
-Que poco me conoces.-sonreí.
Acercó sus labios a los míos, haciéndome abrirlos involuntariamente. Estaba a punto de rozar sus labios con mi lengua cuando me soltó, sin previo aviso, haciéndome tragar agua.
-¡Zayn Malik!-grité cuando salí a la superficie.
-Cógeme si puedes unicornio.-sonrió alejándose.
Salté sobre él y ambos caímos en la arena, ya en la orilla.
-Parecemos croquetas.-rió acariciando mi espalda, llena de arena.
-Te amo.-susurró acercando sus labios a los míos.
-¿Ahora si?
-Ahora si.-musitó, sellando este momento con un beso.
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