domingo, 30 de junio de 2013

Forty-One

*Narra Rose*
Desde qué llegamos a Sicilia no hemos parado de ir a la playa. Liam estaba adquiriendo un color realmente bonito, pero yo seguía tan blanca como la leche.
-Es imposible.-bufé el quinto día mirándome al espejo.-Parece que no he pisado la playa en años.
-Cariño, eres muy blanca, lo raro sería que lo estuvieses.-sonrió rodeando mi cintura con su brazo.-¿Vamos a comer?
-Sí.-suspiré dándome por vencida.
Caminamos cogidos de la mano hasta un pequeño restaurante al lado de la playa. Las mesas y las sillas estaban sumergidas parcialmente en el agua, por lo que comíamos con la fresca a brisa del mar y el cosquilleo de los pececillos en los pies.
-Me hacen cosquillas.-reí cogiendo la mano de Liam.
-Son realmente adorables.
-Ojalá pudiésemos quedarnos aquí para siempre.-suspiré.
-Sería maravilloso... Así seguro que cogías color.
-No seas mezquino, que no todos nos podemos poner al sol en plan tostada sin quemarnos.
-Tampoco me pongo así. Sólo me doy la vuelta cada media hora.
-Es lo mismo.-reí poniendo los ojos en blanco.
-Cambiemos de tema. Cuando me vaya... Voy a echarte mucho de menos...
-Yo también... Pero intentemos no pensar en ello. Estos días que nos quedan quiero que sólo pensemos en nosotros.
Sonrió visiblemente triste, pero asintió antes de besarme.
Cuando acabamos de comer decidimos alquilar una canoa e ir a dar una vuelta al rededor de la isla.
-¿Quieres que vaya yo detrás?
-Detrás va el que tiene más experiencia.-sonrió dándome el remo.
-Llevo haciendo piragüismo desde los ocho años.
-Entonces no digo nada.
Al principio nos costaba bastante compenetrarnos, pero diez mi unos después ya iba todo como la seda.
-Rose, se me cansan los brazos.-bufó dejando de remar.
-No seas quejica. Aún queda un trozo de ida y la vuelta.
-Esta bien. Pararemos a descansar ¿no?
-Claro tonto. ¡Mira! Ahí hay una pequeña cala.
-¡Aleluya! Para ahí.
De repente Liam le empezó a dar caña a la canoa de una manera sobrenatural, hasta fue el primero en bajarse para encayarla la arena.
-¡Listo!
-Tira un poco más hacia arriba, que como se la lleve la corriente hay que volver a nado.-bromeé.
-¿Es broma no?-me preguntó poniéndose blanco.
-En absoluto.-dije fingiendo seriedad.
Corrió como un loco hacia ella subiéndola hasta el final de la cala, sin necesidad de mi ayuda.
-Muy bien cariño. Ahora es cuando te digo que exageraba.
-Y yo que ya no te doy más besos hasta que vuelva.-se burló haciendo pucheros.-Aunque eso me fastidia también a mi.
-Amo que seas tan tontito.-sonreí saltando sobre su espalda.-¿Tomamos el sol tostadita?
-Pero quítame el chaleco que no quiero moreno obrero.
Nos acostamos sobre la arena, poniéndonos la espalda como si fuésemos croquetas, pero nunca había estado tan feliz.
-Si estuviese aquí Lía diría que estamos haciendo el Caterpi.
-No, no estamos llenos por los dos lado de arena.-dije inocentemente.
-¡Pero tu ahora si!-exclamó cogiéndome por la cintura dándome vueltas, llenándome de arena por ambos lados.
-No, no, no. Me vengaré.-dije cuando me soltó sentándome sobre su abdomen.-Pero antes me voy al agua.
-¿Sola?
-Sí. Tengo arena hasta dentro del bikini.-me lamenté mojando los pies en la orilla.
-¡Voy contigo!
-De eso nada, espíritu de Satanás.-exclamé cuando me cogió en brazos y unió nuestros labios en un dulce beso.
-Yo también te quiero.
-Yo te amo.-susurré volviendo a besarle.
Podría decir que nos bañamos y volvimos al hotel remando, pero sería mentir descaradamente. Un beso llevó a otro, una caricia a otra y así sucesivamente, hasta acabar acostados exhaustos de nuevo en la arena de la playa.
-Rose...
-¿Sí?
-Por cosas como estas voy a echarte muchísimo más de menos cuando me vaya.-musitó besando mi hombro.-Y por recuerdos como este seré más fuerte allí.
-Iré a verte todos los meses. Además, ellos también van a sentirse solos. Es el momento de apoyaros al máximo, ¡que eres la mamá de One Direction!
-Pues entonces tenemos cuatro hijos.
-Y lo que nos quedan.-susurré juntando nuestros labios de nuevo.





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