domingo, 7 de julio de 2013

Forty-Two

4 meses después (28 Noviembre)

*Narra Noelia*
Ya hacía casi cuatro meses que los chicos se habían ido, pero para nosotras seguían estando igual de presentes. Cuando nos despedimos de ellos en el aeropuerto fue el peor momento con diferencia.

*Flashback*
Rose lloraba en brazos de Liam, mientras este intentaba consolarla. Melissa se había abrazado a Louis como un mono, diciéndole lo mucho que le echaría de menos. Lía y Zayn hablaban por lo bajo sentados en los asientos de la puerta de embarque. A pesar del moreno Hawaiano de Lía en ese momento estaba blanquísima.
Harry tenía a Carlota sentada entre sus brazos, acunándola como si fuese en bebé. De vez en cuando se daban algún que otro beso, para consternación de las fans.
-Noe, prométeme que vendrás todos los meses a vernos.-susurró mi pequeño, con los ojos llenos de lágrimas.
-Te lo prometo.
Me costaba hablar, y sabía que si lo hacía empezaría a llorar sin remedio, pero lo último que quería era que Niall me recordara de esa manera, así que me esforcé por sonreír.
-Cuatro meses no son nada.
Cuando despegó el avión soltamos todas las lágrimas que habíamos ocultado, abrazándonos con fuerza las unas a las otras.
-A partir de ahora tenemos que mantener la calma.-susurró Lía.
-Si cuatro meses pasan en un suspiro.
-Meli tiene razón, no podemos flaquear ahora.-dijo Carlota.
-Propongo una noche de chicas, con helado y películas mala de risa.-exclamé cogiendo a Rose de la mano.
-¡Genial!
Nos cogimos de la mano y haciendo una pequeña cadena salimos de aeropuerto, dispuestas a disfrutar de nuestro nuevo hogar.
*Fin Flashback*

Faltaban unos días para que volviesen, pero justo hoy era el día del cumpleaños de Carlota, y decidimos hacerle el mejor regalo que pudiese haber pedido.

*Narra Carlota*
Estaba durmiendo plácidamente en la cama de Lía, ya que desde que se fueran los chicos solíamos dormir dos o tres en la misma cama para hacernos compañía, cambiando casi todas las semanas. Al final la habíamos convencido para que se mudase a nuestra nueva casa, mucho más espaciosa y con un alquiler realmente barato.
Abrí lentamente los ojos, dispuesta a levantarme de la cama para hacer el desayuno cuando alguien empezó a saltar por toda la cama.
-¡Felicidades! ¡Felicidades! ¡Felicidades!
-¡Lía! ¡Me vas a matar!
-¡Chicas! ¡El gorrión a salido del nido!-gritó cuando me levanté de allí con mi cara de buenos días.
-¡¿Pero qué dice esta?!
-Que ya eres un añito más vieja, aunque ya te iba siendo hora, eres la más pequeña de las cinco.-sonrió Rose obligándome a sentarme de nuevo en la cama.
-Quiero desayunar.-protesté inflando los mofletes.
-Aquí está el desayuno.-exclamaron Melissa y Noe, trayendo consigo mi preciosa tetera, regalo de Harry con un trozo de mi trata favorita.



-¡Muchísimas gracias!
-De nada, pero antes, tus regalos.
-Pero tengo hambre...
-¡A callar!-gritó Meli.
Después de una serie de disputas sobre quién empezaba Lía saltó sobre todas lanzándome un paquete malamente envuelto que reconocería entre un millón.
-Aunque Lía no lo diga el regalo es de las dos.-exclamó Noe tirándome sobre ella.
-¡Chispas! Adoro esa tienda...-reí abriéndolo.-Aaawww os adoro.
Era siete vinilos, con mis canciones favoritas de Queen, Michael Jackson, los Beatles, Elton John, los Rolling, Wham! y los Ramones.
-Rodrik nos dijo que eran tus favoritos, pero como no tenías la torre para escucharlos, no los comprabas.
-Es verdad... La tenía en Nueva York...
-Para eso viene nuestro regalo.-dijeron Meli y Rose levantándome de un tirón de allí.-Está en el salón.
Bajé corriendo las escaleras, como un niño el día de Navidad, deseando ver sus regalos. En el medio del salón había un paquete enorme, envuelto en papel de flores vintage, típico de Rose, pensé.
Iba a empezar a abrirlo cuando llegaron las chicas.
-¡Espera, espera! Antes tienes que cerrar los ojos.-rió Noelia.
Las miré desconfiada pero asentí. En ese momento olí una colonia muy familiar, fresca y ligera, junto a mi oído.
-Felicidades pequeña.

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